domingo, 26 de septiembre de 2010

Aprendizaje Significativo




Una vez un niño fue a la escuela.
El era muy pequeño y la escuela era muy grande.
Pero cuando el niño vio que podía ir a su clase, caminando directamente desde la puerta de la calle, se sintió feliz y la escuela no le parecía tan grande de esa manera.

Una mañana, cuando llevaba poco tiempo en la escuela, la maestra dijo:
-¡Hoy vamos a hacer un dibujo!
-¡Bien!, pensó él.
A él le gustaba dibujar.
El podía hacer todas las cosas:
Leones, tigres, gallinas y vacas, trenes y barcos...
Y tomó su caja de lápices y comenzó a dibujar.

Pero la maestra dijo:
-¡Esperen! ¡No es hora de comenzar!
Y él espero hasta que todos estuvieron listos.
-¡Ahora, dijo la maestra, vamos a dibujar flores!
-¡Bueno!, pensó el niño.
A él le gustaba dibujar flores.
con lápiz rosa, naranja, azul.
Pero la maestra dijo:
-¡Esperen, yo les mostraré cómo se hace!
-¡Así!, dijo la maestra.
Y era una flor roja con tallo verde.
-¡ahora sí!, dijo la maestra.
-¡Ahora pueden comenzar!

El niño miró la flor de la maestra y luego miró la suya.
A él le gusdtaba má su flor que la de su maestra.
Pero no se lo dijo a nadie.
Simplemente guardó su papel e hizo una flor como la de la maestra.
Era roja, con el tallo verde.

otro día
cuando el niño abrió la puerta de la calle
la maestra dijo:
-¡Hoy vamos a trabajar con plastilina!
-¡Bien!, pensó el niño.
Él podía hacer todo tipo de cosas con plastilina: víboras y muñecos de nieve, elefantes y rabitos; coches y camiones...

Y comenzó a apretar y a amasar
la bola de plastilina,
pero la maestra dijo:
-¡Esperen! ¡No es hora de comenzar!
Y él esperó hasta que todos estuviesen listos.

-¡Ahora, dijo la maestra! ¡nosotros vamos a hacer una víbora!
-Bien, pensó el niño.
A él le gustaban hacer víboras.
Y comenzó a hacer unas de diferentes tamaños y formas.
Pero la maestra dijo:
-¡Esperen! ¡Yo les mostraré cómo hacer una víbora larga.
-¡Así!, dijo la maestra.
¡Ahora pueden comenzar!

El niño miró la viborita de la maestra.
Entonces, mió las suyas.
A él le gustaban más las suyas que las de la maestra.
Pero no se lom dijo a nadie.
Simplemente amasó la plastilina en una gran bola e hizo una viborita como la de la maestra.
Que era una vibitita larga.

Y así siempre.
El niño aprendió a esperar.
Y a observar.
Y a hacer cosas como la maestra.
Y así
él no hacía las cosas por sí mismo.


Entonces sucedió
que el niño y su familia se mudaron para otra casa, en otra ciudad.
Y el niño tuvo que ir a otra escuela.

Esa escuela era mucho mayor que la primera, Tenía puerta de la calle para llegar a un salón de entrada.
El tenía que subir algunos escalones y seguir por un corredor largo para finalmente llegar a su clase.

Y justamente en el primer día
Que él estaba allí,
La maestra dijo:
-¡Hoy vamos a hacer un dibujo!
-¡Bien!, pensó el niño.
Y esperó a la maestra para que le dijera cómo hacer.
Pero ella no dijo nada.
Apenas si andaba por la clase.

Cuando se acercó al niño
Ella dijo: ¿Tú no quieres dibujar?
-¡Sí!, dijo el niño,
pero ¿qué vamos a hacer?
-¡Yo no lo sé hasta que tú no lo hagas!,dijo la maestra.
-¿Cómo lo haré?, pregunto el niño.
-¿Cómo dices?
De la manera que tú quieras.
-¿Y de cualquier color?, preguntó él.
De cualquier color, contestó la maestra.

Si todos hiciesen el mismo dibujo
Y usasen los mismos colores,
¿Cómo podría saber yo quién hizo qué?
¿Cuál sería de quién?
-¡Yo no sé, dijo el niño.
Y comenzó a hacer una flor roja, con el tallo verde.