
Sí, el otoño es una estación llena de emociones, llena de cambios. Es por eso que aveces me da un poco de miedo, a pesar de mi infinita adoración a este momento del año.
Las hojas caen secas, igual que las estructuras comunes que la gente lleva consigo.
Es una época de transición, de sentir el cambio y verlo próximo, de preguntarse y dejar fluir las ideas con el suave viento característico de abril. Es el tiempo de atreverse a encontrar con el propio silencio que inunda las noches, con las preguntas que caminan por los puentes del alma.. aceptar, perder, ganar.
Es el momento justo, de amarte y vivirte, de respetar lo que deseas, de olvidar y no escuchar las voces que rumorean y que se castigan día a día por vivir encerrados en un patrón.. Mejor escapemos de todo eso... yo por mi parte prefiero perderme en el abrazo que el viento del otoño me entrega cada vez que camino, que como, que pienso.
Por eso me gusta el otoño, porque aun cuando las temperaturas bajan, y los cuerpos se esconden detrás de chalecos y bufandas, puedes detenerte a sentir los rayos del sol que aparecen por la mañana. Llena el alma, llena los sentidos.
Una perspectiva romántica que podemos guardar en una habitación del alma, y conservarla en el tiempo